martes, 30 de marzo de 2010

Quienes somos

Somos una organización tradicional del Camino Rojo, Camino del Corazón, una senda espiritual de la sabiduría ancestral de las 4 razas.

Practicamos enseñanzas e instrucciones dejadas por nuestros ancestros a través de espacios rituales y ceremonias tendientes a producir el encuentro con uno mismo, con la naturaleza y con lo sagrado de la vida, a través de experiencias personales y grupales.

Estamos presentes como organización en América y Europa desde hace más una década realizando importantes encuentros y ceremoniales entre los que cuentan las Búsquedas de Visión, las Danzas del Sol, las Danzas de los Espíritus, los Temazcales, los trabajos con la Pipa Sagrada, entre otros ceremoniales de la Tradición.

Nuestra misión es velar por la paz y dignidad, así como por el rescate, reactivación y sostenimiento de la sabiduría ancestral de nuestra herencia para ponerla al servicio del ser humano, reconociendo a nuestra Madre Tierra y sus elementos como los creadores de la Vida, los cuales debemos honrar y proteger para sí misma y las futuras generaciones.



“……La Búsqueda de Visión es un momento de la vida donde uno se encuentra naciendo en el vientre de la Madre Tierra, de alguna manera en el ombligo de la Madre Tierra. Nosotros tratamos de hacer este espacio para llevar a nuestra gente para que conozca, para que se encuentre así misma ante la Naturaleza ante la presencia de lo sagrado…”

Aurelio Díaz Tekpankalli Jefe Espiritual del Fuego Sagrado de Itzachilatlan


“…Atisbando a lo lejos un portal que se acerca mientras aumenta la dimensión de la esperanza abrigada. Un alto en el camino anuncia la invitación. Y acopiando la honestidad posible capaz de nutrir un propósito, cruzamos el umbral que conduce a la montaña. Es así como, siendo visitantes recibiremos la visita. Debiendo poner atención, seremos atendidos e implorando por una visión, seremos vistos. Y al encontrarnos con la verdad de la buena visión que somos, advertiremos que, absolutamente todo lo que hacemos cuenta y siempre es muy estimado desde la grandeza de un corazón. Entonces el Misterio, el gran Misterio, que nos contemple en ese preciso instante sonreirá con el viento, bendiciéndonos por siempre como cada mañana, todas las tardes y como cada noche, en el regazo de la inmensurable paz de aquella sagrada montaña que pudo ser en ese tiempo, nuestra cuna y nuestro destino…”

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